domingo, 5 de diciembre de 2010

Como siempre

Julio fue a buscar a su chica a su casa, como siempre.
Entrando en su ciudad, hizo una perdida a su móvil, como siempre.
Llegó a su portal y aparcó, como siempre.
Esperó a que se encendieran las luces de las escaleras. Señal inequívoca de que Nerea estaba bajando los escalones de 3 en 3, porqué tras cualquier periodo de tiempo separados –ya fueran horas o algunos días- lo que más le apetecía a Nerea era ver de nuevo a Julio y besarle como si no existiera el mañana… como siempre.
La puerta se abrió y era ella. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Julio. Como siempre.
Mientras ella se dirigía hacia el coche, la sonrisa de Julio se borró de repente. Alguna pieza no encajaba en ese puzzle. A Nerea no le brillaba la mirada como era habitual. No tenía esa chispa… la chispa de siempre.
Subió al coche con la indiferencia de alguien que va a comprar el pan o a tirar la basura.
Julio se preguntó para sí mismo si algo le pasaba a Nerea, pero no dijo nada. Como respuesta, sólo obtuvo un beso, si se le podía llamar así, ya que carecía de todo lo que caracterizaban a sus besos: chispa, pasión, fuego, cariño, ternura… amor.

Las señales siempre están ahí para advertirnos… pero hace falta que queramos verlas.
Julio lo sabía, pero no quiso afrontarlas y un día sin más, las cosas cambiaron de repente.

Actualmente, cada noche antes de dormirse, Julio echa de menos a Nerea –como siempre- y piensa en esa primera vez en que sintió que algo sucedía, pero no le dio importancia.

Cuando queremos darnos cuenta de las cosas, ya es tarde… como siempre.

2 comentarios:

Convers Azules dijo...

*El texto de hoy tiene sus raíces en los comentarios de "Chica gris", pues gracias a ellos, la inspiración vino a visitarme esta noche para que yo pudiera escribir esta entrada.

Es la pequeña historia de la primera vez en la que alguien nota esa sensación tan extraña, de estar con quien quieres pasar toda la vida, el uno al lado del otro, y sentir tanta distancia, tanto frío...


-A veces, si no fuera por esas cosillas negativas, no seríamos quiénes somos ni haríamos lo que hacemos-

Bona nit!

Raquel Begué dijo...

Me alegro que gracias a tres palabras tontas que haya escrito te haya venido la inspiración :)!

Me ha gustado mucho la entrada, y me ha gustado mucho Julio. Y no tengo otra cosa que decir que como duele. Esos besos que como tu dices no tienen nada, absolutamente nada, vacíos.

Una vez escuché en una película que quizás la ausencia de señales sea una señal, si, una señal de que algo no funciona, que todo en lo que creías, por lo que apostabas, se ha acabado de un dia para otro, se ha derrumbado... conozco tan bien esa sensación... Podría pasarme toda la noche escribiendo sobre eso...

¿Sabes una cosa? Odio los siempre y los nunca. Creo que es un error prometer algo así, no creo que haya nada que dure para siempre, y menos el amor. Pero aún así, creo que Julio (y Julia), van a echar de menos cada noche a esas personas, siempre.

Un beso azul :)

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