jueves, 23 de junio de 2011

Raquel

-¡Espera! – gritó él –

Ella detuvo sus pasos. Se apartó varios mechones que le cubrían parte de la cara. Su cabello contrastaba con el gris de su jersey. Notaba su presencia a sus espaldas y, por un instante, dudó entre girarse o salir corriendo.

-Creo que esto es tuyo – dijo él acercándole una hoja de un bloc de notas cualquiera -
La chica finalmente se giró, cogió la nota y la abrió, aunque sabía perfectamente lo que había escrito en ella: “Vivir no es pasar las hojas de un calendario”. Reconocía el papel, la caligrafía, esas palabras… su significado.
Seguía cabizbaja con la vista fija en ese papel, cuando advirtió lo cerca que estaba de él. Tanto era así, que por debajo de la nota, asomaban dos zapatillas azules.
Iba a agradecerle el detalle de salir detrás de ella de la cafetería para devolverle su nota, pero justo cuando iba a hacerlo, él la interrumpió:

-¿Sabes? Me ha gustado mucho tu nota. A mí no me gustan los calendarios, porqué repiten los meses año tras año. En realidad es un ciclo que se repite, un pez que se muerde la cola. Deberíamos vivir de manera de que cada día fuera más importante que el anterior, y así siempre. Sin embargo, solo recordamos algunas fechas por cosas importantes que nos hayan sucedido. Sean buenas, sean malas. Y es triste, porqué al cabo del año, solo recordamos fechas concretas, pero la mayor parte de los días, pasarán de largo sin dejar huella en nuestra memoria.
-Muy cierto – contestó ella- Oye… te agradezco que me devolvieras mi nota, de verdad. Suelo escribir muchas de estas y siempre las guardo. Me da rabia darme cuenta de que alguna se me ha quedado olvidada en el bus, o en la mesa de alguna cafetería, en el banco de algún parque…
-Te entiendo, aunque puede resultar curioso para alguien encontrar una nota tuya. Al menos la que he encontrado yo, da qué pensar. Incluso puede llegar a inspirar a alguien para seguir escribiendo.
-Hombre, no creo que sea para tanto… -dudó ella-
-Pues a mí me ha funcionado.
-¿Tú… escribes? – preguntó la chica con interés-
-Claro, como tú. Escribo cuando me siento inspirado, y también tengo mis notitas. ¿Qué es lo tuyo? ¿Diario, blog, una novela, quizás?

Ella sonrió ante tal descaro. Pero más o menos iba bien encaminado. Intentó disimular la sonrisa que empezaba a dibujarse en su cara y contestó:

-Sí, es un blog. ¿Cómo lo has sabido? – se interesó ella –
-Puedo leer tu mente.

Ella entornó los ojos, incrédula.

-¡Anda ya!
-Vaya, no cuela… La verdad es que he estado un rato observándote. Había aparcado cerca de la cafetería, y te he visto buscando inspiración en los ojos de la gente a través de los cristales.
-O sea, que me estabas espiando – bromeó ella –

Él se rió.

-Un poco, sí. Pero me ha resultado curioso, porqué yo hago lo mismo. Aunque también me inspiran sitios o circunstancias, además de las personas.
Por cierto, me he ido sin pagar en la cafetería. Si no te pillo en mal momento… ¿te apetecería que un completo desconocido te invitara a un café?

Ella aceptó, y ambos volvieron a la cafetería. El chico pagó lo que debía y lo que acababan de pedir. Se sentaron en una de las mesas del final, al lado de los cristales.

-Así que tienes un blog – dijo él –
-Eso es.
-¿Y cuál es tu nick?

Ella abrió los ojos, como si acabara de recordar algo.

-¡Es verdad! Si aún no nos hemos presentado. Me llamo…
-No quiero saber tu nombre, aún. – la interrumpió el chico – Me intriga más tu nick. Verás, hay miles de chicas con tu nombre, con tu ropa, con tu horóscopo. Pero quizás seas la única en el mundo con ese nick. Esos apodos dicen más de nosotros que nuestro propio nombre… que al fin y al cabo, lo eligieron otras personas. Un nick lo elige uno mismo.

La chica asintió con la cabeza, asumiendo que en parte, había mucha razón en sus palabras. Miró alrededor con la sensación de que el resto del mundo iba a estar pendiente de lo que iba a contestar, y cuando se dio cuenta de que simplemente era una sensación, lo miró a él y casi susurrando, dijo:

-Mi nick es “chica gris”…

Se hizo un momento incómodo, ya que el chico, en silencio, no dejaba de mirarla a los ojos, observándola detenidamente. Cuando notó que ella se empezaba a poner algo tensa, sonrió y le dijo:

-¿Y por qué una chica tan guapa y tan simpática como tú ha escogido un color tan apagado, tan melancólico, tan triste…?
-Me gusta el gris. No es tan malo como la gente cree. Ya te contaré porqué. –sonrió ella, aliviada – Y dime, ¿Cuál es el tuyo?
-El mío es “convers azules” – contestó él felizmente –
-Vaya… y ¿de dónde viene? – inquirió ella –

Casi adivinando la última pregunta, el chico subió un pie a una de las sillas que tenía al lado, enseñando su zapatilla a la chica. Era una Converse azul, con detalles blancos. Seguidamente dijo:

-El día que buscaba un nick, las llevaba puestas. Modifiqué un poco lo de “convers” para no usar una marca, que nunca se sabe. Y el azul, es por mi color preferido. Mis zapatillas, esta chaqueta, mi coche, las paredes de mi habitación… son de ese color. Eso es todo.
-Pues formamos una buena combinación – afirmó la chica – Azul y gris.
-Grizul… -contestó él –
-¿Grizul? Tiene nombre de personaje del Señor de los Anillos – bromeó ella –
-Sí, pero es bonito –dijo el chico sonriendo –

Y así pasaron (volando) las siguientes horas, hablando de sus blogs, de sus textos, de colores, de canciones, de vivencias, de anécdotas, de tantas y tantas cosas que habían descubierto tener en común.
Quizás una de las cosas más mágicas que tenían en común, era un lugar. Allí donde solíamos gritar, para uno. Un lugar especial donde sentirse increíblemente en paz, para el otro. El mirador del Tibidabo.
La noche había caído ya, sin apenas avisar. Él se ofreció llevarla a casa en su coche azul, y ella aceptó. De camino, una señal gris que indicaba la carretera de l’Arrabassada y el Tibidabo llamó la atención de ambos.

-Señorita gris – bromeó el chico – ¿le apetecería subir un rato a ver las vistas?
-Pues estaría bien, chico de las zapatillas azules – contestó ella –

Una vez arriba, ambos fueron hasta el mirador. Estaba vacío. El viento movía la melena de Chica Gris. Él no podía dejar de mirarla.
Fuera cual fuera la época del año, siempre hacía bastante frío allí. Ella no tardó en empezar a sentir algún escalofrío que otro. Pero él ya se había dado cuenta y se quitó su chaqueta:

-Toma, ponte mi chaqueta. Como es azul y tu jersey es gris, ya puedes decir que vas vestida de “grizul” – ambos rieron –
-Oye pero hace frío, ¿y tú qué? – se interesó ella –
-Tranquila, siempre llevo una sudadera en el coche.

Siguieron hablando de sus cosas en común. De las coincidencias, del destino, de las personas, del pasado, de los cambios, de los miedos. Con más frecuencia, ella sentía un escalofrío que la hacía tiritar, y él se acercaba más y le frotaba los hombros para darle calor. Así, hasta quedar pegados. Ella, sintiendo la respiración acelerada del chico en su nuca. Él, sintiendo el aroma del pelo de ella, movido por el viento sin cesar.
Eran casi unos desconocidos, pero sentían que se conocían de toda la vida. Sentían que habían tenido que conocerse.

-¿Sabes? – preguntó él – Siento que quiero saber más de ti. Me gustaría un montón llegar a conocerte. Todo esto es algo extraño, pero sin embargo me parece mágico. Desde que te he visto, tengo la sensación de que hoy iba a ser uno de los mejores días en mi calendario. ¿Cómo te llamas?
-¿De verdad quieres saberlo?
-Me muero de ganas… -contestó él –
-Me llamo Raquel…





PD: http://www.youtube.com/watch?v=PPg9l0st_lk

3 comentarios:

Raquel Begué dijo...

Como bien te he dicho por Twitter, puedes matarme, lo acabo de leer.. y estoy demasiada dormida como para poder escribirte un comentario en condiciones.

Menos mal que a partir del jueves volveré a tener algo de tiempo libre, y podré volver por estos mundillos.

Mientras decirte que ese desconocido me ha robado una sonrisa de esas que se quedan horas (incluso días).

Un besazo enorme ^^

Raquel Begué dijo...

No me canso de leerla. Y no me canso de sonreír como una tonta. (Y me canso de trabajar y de no tener dos segundos para escribirte una entrada en condiciones).

Convers Azules dijo...

A veces no hacen falta palabras :) Estoy seguro de que te gusta ^^
Un beso grizul, mi desconocida favorita (K)

Publicar un comentario